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 El novio de la noche Ver tema siguiente
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Lidriel
Perdido en el fandom
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Registrado: 08 Oct 2006
Mensajes: 4




MensajePublicado: Jue May 10, 2007 8:36 pm Responder citandoVolver arriba

¡Saludos! Me gustaria presentaros una historia que escribi para un concurso y que me dió buenos resultados (jo jo jo)

Historia, estos son los miembros del foro, miembros del foro, esta es historia.

Bueno, corramos un tupido velo. Espero que os guste y que me deis vuestra opinion.

El Novio De La Noche




Cuando la imponente figura del edificio nº 9 de la calle Denis Brown apareció frente a mi, sentí dos emociones contradictorias: la sensación de estar cometiendo la mayor equivocación de toda mi vida y la inexplicable necesidad que crecía en mi interior de volver a verla.
Caminé despacio y con sigilo entre las sombras, evitando la luz naranja que proyectaban las farolas. Di un rodeo al edificio para colocarme en la parte de atrás, cuidándome de no ser visto por el grupo de personas que charlaban animadamente en el parque que había junto al bloque. Mientras caminaba identifiqué enseguida a una de ellas, la más joven del grupo y la más animada. El resto de los vecinos parecían formar un círculo en torno a ella mientras escuchaban divertidos lo que les contaba. Había visto a aquella muchacha unas cuantas veces antes, casi siempre durmiendo plácidamente en su habitación, ajena a todo. El hecho de que esa noche no estuviera en casa me producía un placer perverso, pero también tristeza: nadie nos interrumpiría, esta vez no habría marcha atrás. Tenía ganas de silbar.
Me coloqué debajo de la ventana del primer piso, que quedaba a unos dos metros por encima de mí y observé. Mi destino era la planta número diecisiete de las treinta que tenía el edificio. Calculé que tardaría en subir menos de un segundo.
- Debo estar volviéndome loco-pensé.
De un rápido vistazo a mi alrededor comprobé que estaba solo y que nadie de aquel grupo de personas me prestaba atención; una parte de mí deseaba que lo hicieran y me obligaran a marcharme de allí. Pero no lo hicieron. Subí.
Si alguien me hubiera estado observando lo único que habría visto sería como un chico desaparecía en la noche sin dejar rastro. Como una teletransportación. Por supuesto, yo no me teletransporté ni desaparecí. Subí corriendo por la pared del edificio a una velocidad que cualquier persona consideraría de vértigo, pero que para mí no significaba nada. Ante mí pasaron a una velocidad sobrenatural las habitaciones de cada planta, la mayoría estaban vacías, era temprano para irse a dormir y no disfrutar de la noche de verano.
Me detuve en el alféizar de la ventana de la planta diecisiete. Permanecí quieto como una estatua durante un par de minutos, intentando reprimir toda emoción en mi interior, en especial aquella sensación de júbilo cruel que me desgarraba por dentro.
La ventana estaba ligeramente abierta, invitando a la brisa veraniega a entrar. La abrí lo suficiente para poder colarme dentro de la habitación y entré.
En un momento ya estaba junto al armario en el fondo de la habitación, quedando la ventana frente a mí. La cama se encontraba justo debajo de esta.
Y entonces la vi. Estaba tumbada de espaldas a mí, de modo que sólo pude ver su pelo castaño revuelto meciéndose con la brisa. La respiración acompasada me indicó que dormía profundamente, incluso me atrevería a decir que soñaba.
-¡Ah , pequeña no puedes ni imaginar cuanto te envidio!- Susurré. Me acerqué lentamente para verla mejor. ¿Cuánto tiempo hacía que yo no dormía? ¿Cuándo fue la última vez que soñé? Me dio miedo echar la vista atrás, a mi pasado, y responder a esas preguntas. Hacía mucho, demasiado tiempo.
Apoyé las manos en la cama y me incliné hacia ella, captando enseguida aquel olor que me embriagaba: un olor fresco, refrescante.
Así me encontró ella cuando despertó, lentamente, y se giró hacia mí con los ojos entreabiertos. Me observó un momento, intentando descubrir si aún estaba dormida o yo era real, después sonrió, y esa sonrisa se reflejo en sus ojos también.
- Estaba soñando-. Me dijo con voz clara y cantarina. ¿Cómo tenía esa voz si acababa de despertarse? Esa era una de las cosas que me tenían hechizado. Se hizo a un lado para que me sentara y así lo hice, ella permaneció tumbada.
-¿Y era un sueño bonito?- Le acaricié el pelo y ella asintió y volvió a sonreír.
- Yo era una princesa muy guapa, con un vestido blanco, como el vestido de princesa de mamá –. Yo asentí para darle a entender que sabía a cual se refería – estaba en un prado con un ramo de flores y un príncipe venía en un caballo blanco.
-¿Era guapo el príncipe?
- ¡Eras tú! -ella rió y me cogió la mano con la que le acariciaba el pelo para jugar con el puño de mi camisa. – Siempre traes ropa muy rara- se incorporó y continuó jugando con mi pequeña corbata, inspeccionó mi chaleco y mi chaqueta.
- Era la última moda en la Italia del Renacimiento, ¿no te gusta?
-Es extraña. ¿Italia está mas lejos que la casa de la abuela?
No pude evitar reír entre dientes –Sí, un poco mas lejos.
Me levanté de la cama y me asomé a la ventana. Desde aquella habitación pude ver el parque donde permanecía el grupo de vecinos, notablemente más reducido. Miré el reloj con forma de osito que había en la mesita de noche, se me acababa el tiempo.
-¿Quieres que juguemos hoy a las princesas?- Ella me miró con sus enormes ojos castaños demostrando interés. –Cogeremos el vestido blanco de tu mamá y yo seré el príncipe. ¿Te apetece?- Ella asintió con fervor y se levantó veloz. Salió corriendo de la habitación hacia el cuarto de su madre. Yo esperé mirando por la ventana. La disputa en mi interior se había vuelto aun mas intensa e insoportable, me sentía a punto de estallar. ¿Qué debía hacer? ¿Qué tenía que hacer? ¿A que parte haría caso? ¿Podría soportar estar sin ella? La respuesta a esa pregunta era la que más me atormentaba, tomara la decisión que tomara, eso significaba no volver a verla nunca más.
Habían pasado casi cuatro semanas desde la primera vez que me atreví a venir a verla, después de mucho dudar e intentos de alejarme, finalmente lo hice. Sin embargo, aun la primera vez que vine ella no se asustó, no tuvo miedo ni gritó. Para mi, estar con ella era como un oasis en el interminable desierto de mi vida, lo único que sabía era que, fuera cual fuera el final de la noche, jamás podría olvidarla.
Entonces entró en la habitación vestida con el camisón blanco de su madre y una sonrisa radiante en su rostro angelical. A pesar de que el vestido le arrastraba y le quedaba demasiado grande parecía una autentica princesa. Por primera vez en mucho tiempo la sonrisa salió directamente de mi corazón. Era mi princesa.
Me incliné ante ella en una reverencia con la mano en el pecho y me arrodillé.
- Alteza –dije con voz solemne.
Mí actuación despertó aun mas su interés haciendo que sus ojos brillaran. Se acercó con paso solemne.
- ¿Quién eres?
-Soy príncipe de un país muy lejano que ha venido para rescatarla.
- ¿Y me llevara a casa, oh, príncipe?- me tendió su mano y yo la observé detenidamente, fijándome con detenimiento en cada detalle de su cara, en cada expresión, para grabarlos a fuego en mi memoria. Luego cogí su mano con dulzura y asentí
- Y la llevaré a casa en mi caballo blanco.
Ella sonrió, soltó mi mano y corriendo fue a su cama y se tumbó con las manos en el pecho y los ojos cerrados.
-¿Qué ocurre? ¿No te gustan los caballos blancos?
Ella rió entre dientes pero permaneció como estaba. Al ver que yo seguía sin entender, me miró y me aclaró lo que tenía que hacer con premura.
-¡El beso! La princesa no puede irse con el príncipe si no se besan-. Volvió a cerrar los ojos pero continuó riendo por lo bajo. Yo me levanté lo más lentamente que pude y me acerqué a ella. Quise coger una de sus pequeñas manos y estrecharlas fuertemente, pero no quería romper la magia que ella estaba viviendo en esos momentos. La miré detenidamente y viéndola así, como una auténtica princesa de cuento de hadas, la lucha terminó en mi interior. Finalmente la balanza se desequilibró. Me apoyé en la cama con ambas manos y me incline hacia ella, quedando mi rostro a escasos centímetros del suyo.
- No tengas miedo - susurré.
Me acerqué aun más a ella, a sus labios… a su cuello… y, después de tanta sed en aquel desierto infernal, bebí el agua de aquel oasis. Le mordí.
Sentí como ella alzaba sus brazos intentando separarse, pero no sirvió de nada, yo continué bebiendo, notando su sangre como un torrente de vida por mis venas. Y lloré, lloré mientras me maldecía por haber sucumbido al instinto, por haber hecho presa de mi soledad a aquel ser tan angelical.
-Perdóname, perdóname…-era lo único que resonaba en mi interior, junto con el júbilo desgarrador que sentía por todo mi ser de una manera inconsciente que aborrecí con toda el alma.
Finalmente ella se rindió, y mientras aun le quedaba algo de vida echó sus frágiles brazos sobre mi cuello y me abrazó. No volvió a despertar nunca más.

A la mañana siguiente, la encontraron en su cama rodeada de flores que durante la noche recogí para ella. Con aquel camisón blanco que tan grande le estaba y su rostro angelical que parecía soñar con princesas y príncipes de reinos lejanos. Solo tenía seis años.

Desde entonces, todas las noches me maldigo y lloro por su muerte, sufriendo esta condena eterna en solitario y viviendo en este desierto inmenso, seco e inmortal. Siendo por toda la eternidad un vampiro, el novio de la noche.



Bueno, espero que os haya gustado, ¡un beso! Cool

Lídriel

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Un buen aprendiz siempre aprende mucho mas de lo que su maestro le enseña
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Aryblack
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Ubicación: en el eterno Mornórie...



MensajePublicado: Vie May 11, 2007 12:42 pm Responder citandoVolver arriba

A mi me ha encantado (Pon una historia de vampiros y ya me tienes ganada xD). La única falta que te sacaría es cuando le llega el olor de la niña, que es "fresco y refrescante", me parece redundar...

Pero vaya, que ole con ole. Smile

Si la tienes publicada, también podrías haber dado la dirección en vez de pegarla aquí. Smile

Venga, un saludo (escribe más historias de vampiros *_*)

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El pasado puede ser olvidado, pero nunca muere

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